LABERINTOS

Mitológicos, estratégicos, ficticios, rectangulares, circulares o subterráneos, en parques de diversiones o en nuestras cabezas, los laberintos son parte de la cultura desde hace siglos.

Entre los primeros y más famoso está uno que -seguramente- no existió, el laberinto de Creta. El mito dice así: un tal Minos (mitológico, hijo del dios Zeus) pidió ayuda al dios Poseidón para ser rey de Creta. Dios P movió contactos y Minos llegó a rey, pero a cambio quedó en sacrificar un gran toro blanco en su nombre. Entonces Minos se agrandó, hizo pasar al gran toro por uno cualquiera, lo mató y se quedó con el bueno. Poseidón se enteró e hizo algo que ni Stephen King versión triple X se animaría: convenció a la esposa de Minos de que se disfrazara de vaca, la puso frente al gran toro blanco y la zoofilia se ocupó del resto: de la unión de la esposa y el toro nació el famoso Minotauro (mitad toro, mitad humano), o Toro de Minos, su hijo.

El laberinto de Creta (también mitológico, no real) lo crearon para encerrar al Minotauro, y cada año le entregaban 7 hombres y 7 mujeres (para esas cosas sí había igualdad de género) para que se los comiera y no pensara en salir. Hasta que llegó un tal Teseo, tomó coraje, entró, mató al Minotauro y volvió a salir con ayuda de un hilo que su amada la había dado al entrar (Ni me hagas empezar a hablar del mito del hombre valiente y la mujer previsora).

¿Todo muy lindo pero te da terror entrar sin querer a un laberinto (no hay que caminar y mirar el cel a la vez) y no saber cómo salir?. No hay problema, te tenemos cubierto.

12. Los tipos de laberinto -por lo menos- que hay.
3.800. Los años que pasaron desde la creación del primer laberinto conocido.
8.500. Los metros cuadrados que ocupa el Laberinto Patagonia, el más grande de Argentina.
4,82. Los kilómetros de camino que tiene el laberinto más grande del mundo, el Dole Plantation, de Hawai.
0. Las películas que hizo Jim Henson después de dirigir «Laberinto» (la de David Bowie), porque fue un fracaso de taquilla.  

Perderse en un laberinto
¿Me creés si te digo que era exactamente al revés? Los primeros laberintos tenían un solo camino, por lo que la única opción era llegar hasta el final y salir. Eran una especie de templo: en el centro había algún tipo de construcción en la que la persona se conectaba con su dios, luego seguía el camino y salía sin demasiado esfuerzo por la misma puerta que había usado para entrar, pero como alguien distinto: la idea no era perderse, sino encontrarse. 

Esos son los laberintos clásicos o univiarios: una sola puerta, un solo camino, cero estrés.

Los otros son los multiviarios, que tienen varios caminos distintos y lo más probable es perderse. Aparecieron en los castillos ingleses del siglo XII, gracias a lo que mueve casi todo: encontrarse con un amante en un lugar al que nadie más tuviera acceso. Son los típicos laberintos hechos de arbustos que todavía se encuentran en varios países de Europa. Lo que da una buena idea de lo que hacían los reyes con su tiempo libre.

¿Por qué tanto laberinto?
Porque los usaban para muchas cosas distintas. Los primeros, en las iglesias francesas e inglesas, servían para eso de conectarse con Dios. Algunos los crearon como método de defensa, y dificultar el ingreso de los invasores al castillo. Más actual, los laberintos son un entretenimiento, visitados por miles de personas cada año: el Laberinto Patagonia, el más grande de argentina, recibe 150 personas por día.

Y está lo simbólico: para algunas culturas, dibujarlo en el piso sirve para atrapar malos espíritus, para ciertas personas es la búsqueda personal.

La psicología la usa, la ciencia experimenta y aprende con ratas en minilaberintos y las revistas de crucigramas tienen los suyos.

El arte está lleno de ejemplos en los que el laberinto representa la locura («The shining»), lo enigmático (los laberintos de Borges), la aventura («Alicia en el país de las maravillas»), las vidas posibles («El laberinto de Fauno) y el crecimiento y la superación («Laberinto», la de David Bowie).

¿Cómo salgo de ésta?
Ya que salir de un laberinto es un problema con el que nos cruzamos a diario (🤷‍♂️), algunos se dedicaron a pensar cómo hacerlo. Y hay algunas teorías:
– El método de la mano derecha: para los laberintos lineales (sin círculos ni nada raro) apoyás la mano derecha en la pared y nunca la sacás; como hay un solo camino, te asegurás de llegar al final;
– Otra para los lineales es caminar para atrás. Como hay una sola dirección, eventualmente volvés al punto de inicio.
– Para los que tienen más de un camino, siempre es posible hacer trampa y llevar una soga con una punta en el último lugar seguro y, si te perdés, volvés a ese punto;
– Pero el más sofisticado es el Algoritmo de Tremaux: al llegar a una bifurcación, tomás cualquier camino y marcás esa pared. Al llegar a un callejón sin salida, volvés a la bifurcación y tomás el otro camino, y lo marcás. Así vas tomando todas las opciones, hasta que encontrás la correcta. Lento, pero seguro.