KALE

En algún momento la ensalada dejó de ser lechuga, tomate y cebolla. Hace unos años, cuando nos empezamos a preocupar por sentirnos mejor además de vernos mejor, escuchamos sobre ellos, los «superalimentos», productos naturales que habían estado siempre ahí, y que por alguna razón nos habíamos perdido.

El kale es uno de esos. Nombre raro, textura rara, sabor raro, el aumento de recetas veganas y vegetarianas y la idea de que nuestras inocentes verduras están llenas de químicos que dan miedo (gracias Netflix por hacer de documentales de comida verdaderas películas de terror) y que hay que darle una chance a lo orgánico, le dio nueva vida. 

Si sos de los que probó kale tres veces y cuando se junta con amigos da una lección sobre el tema (es lo que hacemos todos), mirá lo que podés agregar a tu historia.

10. Veces más de nutrientes en el kale que en la espinaca.
2. La cantidad de siembras anuales de kale en Argentina, una a principios de año y otra a mediados.
262. La cantidad de chicos que nacieron en EEUU en 2013 a los que le pusieron «Kale» de nombre.
3. Los meses que deben pasar para cosechar (y comer) la planta de kale.
1250. Año en que aparece la palabra «kale».
5. Las variedades de kale que hay en Argentina. 

No quiero ser metido, pero ¿qué sería el kale?
La ciencia le dice Brassica Oleracea. Es de la familia de los coles (kale = col rizado en inglés), primo del brócoli, el coliflor y los repollitos de Bruselas.

Y muy viejo: hace mucho mucho tiempo apareció en Asia Menor (la región que hoy es Turquía), en el 600 DC llegó a Europa y en el 1600 se encuentran los primeros registros en EEUU. Recién en 1980 empezaron a cultivarse ahí dos variantes, el kale Ornamental y el Dinosaurio, lo que la llevaría al estrellato.

Pero antes de ser la preferida de la gente más sana, tener su propio día y aparecer en el buzo de Beyonce, se la conocía como la verdura de los pobres: al crecer en zonas frías, muchas veces era el único alimento al que tenían acceso en esos inviernos crudos. En Escocia e Irlanda era particularmente popular, y todos sembraban kale en su campos, tanto que solían llamarlos «kailyards».

Años después, usaron esa palabra, «kailyards», para identificar a un movimiento de poetas y escritores que escribían sobre la vida rural de sus antepasados, para quienes el kale jugaba un rol esencial, una época que de a poco se desvanecía.

Algunos creen que ese es también el motivo de su desaparición repentina: la gran cantidad de migrantes europeos pobres que llegaron a EEUU desde el 1800 asociaban el kale con el hambre y la desesperación, por lo que simplemente la dejaron atrás junto con sus países.

Claro que eso cambió.

¿Y qué tan súper es?
Seguro más que Batman, cerca de Superman. La lista de superpoderes es larga: bajo nivel calórico, calcio (el organismo lo absorbe mejor que el de la leche), hierro (una taza tiene más que una poción de carne), magnesio, potasio, zinc y fibras. Vitamina C, E, A y K. También tiene Omega 3, muy bueno para el colesterol malo y, dicen, para el buen humor

Un puñado de kale equivale a la cantidad de vitaminas que solemos ingerir en una semana a través de otros alimentos. Es antioxidante, reduce el crecimiento de células cancerígenas, favorece el sistema digestivo y el inmunológico, reduce la posibilidad de artritis y enfermedades cardíacas, ayuda a regular la coagulación sanguínea y a mantener bajo el colesterol. 

Y crece con un clima frío y bastante sombra, ideal para el rinconcito del departamento al que nunca llega el sol.

#kalefan. ¿Qué tengo que hacer?
Primero, tratar de conseguirlo. Algunas verdulerías lo tienen, y en general está en todos los bolsones o cajas de productos orgánicos. Y hay muchas formas de prepararlo.

Como es rugosa y un poco amarga, en general no se la come directamente como la lechuga. Algunos la masajean o le ponen limón para ablandarla, o lo cortan para que vaya mejor en una ensalada.

Otros lo saltean con verduras o carne, o lo agregan a un guiso.

Queda muy bien en modo chips saludables, un rato al horno con aceite de oliva y listo.