INTELIGENCIA ARTIFICIAL

Levante la mano al que le da un poco de miedo que los robots vayan a ser demasiaaado inteligentes… ✋✋✋✋✋

La buena noticia es que no estás solo. La mala, no hay mucho que hacer. La Inteligencia Artificial (IA) vive entre nosotros, y recién está aprendiendo a caminar. Las aplicaciones son potencialmente infinitas, y muy pronto no vamos a contemplar ningún aspecto de nuestras vidas sin ella. ¿El problema? Aunque algunos de sus beneficios son evidentes, nadie sabe con exactitud si nuestros nietos van a vivir en una escena continua de «Yo, robot».

Olvidate por un segundo de que el celular que tenés en la mano sabe más de vos de lo que te gustaría, y mirá todo lo que esta pasando a tu alrededor.

50.000. Los millones de dispositivos smart conectados para recoger y analizar datos.
2.300. Los años que pasaron desde que Aristóteles intentó hacer reglas mecánicas a partir del pensamiento humano.
38. Los tipos de tumores que se estudiaron con IA, y de los que ahora se conoce el origen de sus mutaciones.
1956. Año en que se usó formalmente por primera vez el término «Inteligencia Artificial».
92,7. El porcentaje de todas las búsquedas por Internet que se hacen a través de Google (que recolecta datos).
1997. El año en que la computadora Deep Blue venció al ajedrecista Gary Kaspárov.

Una definición simple, por favor. 
Que una máquina imite al cerebro humano, esa es una manera muy rápida de definir a la IA: que tome información, la vincule, «razone», «aprenda» y saque conclusiones. La IA permite almacenar y procesar grandes cantidades de datos para identificar patrones y, a partir de ahí, dar una respuesta.

¿Uno de los primeros ejemplos claros? La computadora que jugaba al ajedrez contra los mejores y les ganaba. Tomaba los datos del tablero, «aprendía» los movimientos del oponente, «pensaba» (analizaba todas las combinaciones posibles) y movía una pieza.

¿Si una máquina de verdad puede hacer eso, pensar? Sí y no. Aunque hay diversos tipos de Inteligencia Artificial, simplificándolo mucho hay dos grandes grupos:

– el «Sistema experto»: hace lo mismo que una persona, pero mejor, a partir de procesar muchos más datos, más rápido.

– el «Deep Learning»: el tipo de IA más complejo y revolucionario. La idea es que no sólo procesa grandes cantidades de datos para alcanzar un resultado, sino que «aprende» de los datos ingresados, y saca conclusiones más precisas cada vez. Eso pasa, por ejemplo, con los sistemas de reconocimiento de habla (los Siri): a medida que ingresa más datos (órdenes de voz), automáticamente mejora la capacidad de reconocer cada palabra y de dar respuestas más específicas: aprende.

Pero aún en este caso, para que eso pase, los humanos debemos ingresar los datos y la máquina (al menos por ahora) no podrá dar una respuesta por fuera de los datos ingresados.

¿Tengo que tener miedo o no?
Uno de los padres de la IA, Marvin Lee Minsky, en 1970 dijo: «Cuando las computadoras tomen el control, quizá no lo podamos recuperar. Si tenemos suerte, tal vez decidan tenernos como sus mascotas».

Hay algunos que se preguntan qué pasaría si un día la máquina analiza los datos a disposición, y concluye que el humano es el problema para alcanzar la mejor solución posible. Y esa es una preocupación válida, porque la IA no funciona sólo respondiendo a una orden concreta, sino de manera relativamente independiente, «aprendiendo» de toda la data disponible.

(Eso, sin entrar en los usos nocivos de la Inteligencia Artificial, como el reconocimiento facial que ya usan los Estados para, por ejemplo, detener a las personas que van a una protesta).

Los creadores de un generador de texto con IA (similar a los que ya usan algunos periódicos para publicar noticias simples), dieron a conocer el resultado de una de las pruebas: se pidió a una computadora escribir un texto a partir de la frase «Reciclar es bueno para el planeta». El producto generado por IA empieza así: «Reciclar no es bueno para el planeta. Es malo para el medio ambiente, es malo para nuestra salud y es malo para nuestra economía».

¿Es posible que pase lo mismo con cuestiones más complejas, y en lugar de escribir un texto incorrecto oprima el botón equivocado?

Bill Gates, Stephen Hawking, Jack Ma (fundador de AliBaba) y Elon Musk, todos plantearon el riesgo de depender demasiado de la IA.

Si tiene ventajas, este es el momento.
Son muchísimas, y ni siquiera conocemos todas las potenciales aplicaciones.

Entre los usos diarios de IA están el GPS, el reconocimiento facial de los celulares y cámaras en la calle, Siri y sus hermanos/as, los videojuegos (que estudian los patrones de comportamiento de los jugadores y los va incorporando a los personajes), las apps que traducen en el acto, los autos no tripulados, la publicidad que te aparece en la computadora y te dice qué estás pensando comprar.

Pero ya hay otros ejemplos de conocimientos completamente nuevos e inalcanzables sin la IA.

Un estudio con Inteligencia Artificial de 2.600 pacientes con 38 tipos de tumores distintos permitió descubrir el origen molecular de cada uno de ellos, a partir del análisis de billones de células humanas y sus mutaciones. Así, por primera vez se conocen todos los cambios genéticos de provocan un determinado cáncer, lo que abre la posibilidad de combatirlo.

El 31/12/19 un algoritmo que usa IA avisó de la aparición de una nueva amenaza: el coronavirus. El programa lee noticias publicadas en 30 idiomas distintos sobre gripe, muertes sin explicación y síntomas sin diagnóstico concreto. Así predijo la aparición del virus, el lugar en el que surgiría y (analizando el patrón de los viajes que realizaban desde ese lugar) hacia qué países se expandiría. Todo semanas antes de que el gobierno chino reconociera públicamente la existencia del coronavirus.

Entonces, ¿qué hay que hacer?
Regularla. Sundar Pichau, CEO de Google, dijo que hay «una preocupación real» sobre los efectos nocivos de la IA, y que si los Estados no la regulan, va a haber retos que ninguna empresa va a poder resolver.

La Unión Europea anunció que va establecer límites para la aplicación de IA en sectores sensibles como salud, transporte y el sector público, y para la gestión de los datos recolectados.

Mientras que para algunos el uso comercial de la Inteligencia Artificial ya recorta nuestros derechos individuales y representa un riesgo (utilizar el Big Data, los patrones de comportamiento, para conocer nuestros intereses y vendernos productos), hay un consenso general en que hay que empezar a poner límites antes de que sea tarde.

Y algunos simplemente creen que cuando hacemos hablar a La Mona Lisa, ya fuimos demasiado lejos.